Hoy si que ha sido un día duro.
Hemos ido a Marignane en bus, en el de las 8h30, hemos llegado sobre las 9h15 y
hemos ido a la Policía. Resulta que el poli de hoy no eran tan majo (no era ni
la mitad de majo) y nos dijo que no nos podía llevar hasta donde estaba el
coche. Nos dio el teléfono del de la grúa y le llamamos, pasó a recoger a
Álvaro y se lo llevó a por el coche. Yo me fui al insti, hoy ha llovido
muchísimo. Álvaro tuvo que ir por los papeles, luego a la comisaría, luego a
por el coche y ya para casa. Toda la mañana perdida y 155 euros de menos.
Encima no paraba de llover. Llovía por todos lados, y tanto tanto que nos han
tenido que evacuar de las aulas y ha saltado la luz. Todo eran charcos, viento
y lluvia. Parecía el fin del mundo. Caía del techo de las clases más de un hilo
de agua, el suelo encharcado... Así todo el día. A las 6, tras haber casi
gritado a más de uno y de una, sonó la alarma de fin de clases y ya estábamos
de vacaciones. Volví a casa en bus, llamé
a mis padres para contárselo, lo que más me apetecía en ese momento era
transportarme en un instante a Granada, abrazarlos en el sofá de casa y ya
luego volver, pero ese momento de paréntesis me hacía mucha falta. Llegué a
casa y Álvaro me regaló un molinillo de viento de colorines, muy bonito. Me
hizo mucha ilusión aunque el día fuera duro. Vinieron por la noche Carmen y
Dani, los venezolanos, estuvimos de cenita y de charla, nos lo pasamos muy
bien. Por la noche también llovió, a cántaros.
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