Hoy ha sido un día muy muy duro. Nos hemos levantado temprano y hemos empezado con la limpieza y con las maletas finalmente. Hemos ido a edf (2 veces) para que nos cortaran la luz, luego hemos paseado por el puerto para despedirnos. Hemos seguido haciendo maletas, hemos comido arroz a la cubana (no nos hemos podido terminar el arroz...) y hemos seguido con las maletas y con la limpieza. Hemos bajado piso por piso preguntando a los vecinos si tenían una aspiradora y al final la del primero nos la ha dejado. Hemos aspirado el edredón y lo hemos conseguido meter en la maleta roja. Ya todo empezaba a pesar demasiado, pero en fin, hemos tirado muchas cosas. A las 4 y poco han venido las chicas para ayudarnos a bajar las maletas por las escaleras infernales. Más o menos hemos podido hacerlo en pocos viajes. Nos han dejado en el metro y nos hemos despedido de ellas. Parecía que las íbamos a ver al día siguiente, era triste y extraño. Por el metro lo hemos pasado fatal porque sólo hay escaleras mecánicas en un tramo, el resto es de escaleras normales y ya nos temblaban los brazos. Luego en Saint Charles más de lo mismo, escaleras normales y ya he explotado y me he puesto a vociferar (en español) que no me parecía normal aquello... Hemos cogido el bus para ir al aeropuerto y nos hemos comido los últimos pain au chocolat y croissant de la temporada. En el aeropuerto (con 3 horas de adelanto) hemos pesado las maletas y ahí es cuando se nos ha echado el mundo encima. 28 kilos las maletas grandes y 17 las pequeñas.... ¿y ahora qué hacemos? Pues vaciar las maletas. Nos hemos puesto a tirar cosas y al momento ha venido el casero que se las ha llevado envueltas en el saco del edredón. Hemos tirado camisetas, zapatos, el edredón que con tanto sudor nos costó meter en la maleta... total, que al final se han quedado en 23 kilos y en 21. Así hemos pasado los controles y nos hemos sentado a esperar para nuestro avión. El tiempo no pasaba. Al final, a las 9 y pico de la noche nos hemos sentado en el avión y al poco, hemos llegado a Madrid. Allí nos estaban esperando los padres de Álvaro, muy contentos de vernos. Hemos llegado a casa con muchísimo cansancio, pero ya estábamos en España. Ahora había que acostumbrarse de nuevo a la vida en común y al espíritu español.